La venganza
Estoy sentada en un viejo catre, esperado a que
llegues, moliendo en el mortero pedazoz de escorpión una mezcla especial para las dagas.
Pienso en el distrito que incendiamos ayer pienso en
esa cama de cobertor rojo donde nos tiramos, en tus manos sujetando las mias
fuertemente, siento tu boca resbalando en mi pecho mis dedos comienzan a prenderse
cual cerillos.
Tenemos una semana viviendo en hoteles baratos,
lejos de los libros y tan cerca del vino.
Estoy sentada mirando por la ventana, veo por la
calle principal el carnaval de la ciudad, escucho sus risas, los veo en el enorme podio. Otro gran discurso.
Me lleno de rabia, vuelvo al recuerdo de tus labios, quiero quemarlo
todo. Prendo el cigarro con el dedo indice.
En esa
habitacion con toda la cama incendiada dijiste basta, te respondi que si
querias esperar, ni siquiera pude quitarte la camisa, prefieres esperar.
Prendo otro cigarro, detesto esta ciudad vacia, lejos de la colina, el valle, levanto una ceja pienso en aquel distrito consumiendose, veo
esta ciudad. No puedo evitar sonreír.
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